Un Lugar Sagrado

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50º Aniversario de Sacerdocio del Padre Lorenzo Rizzolo

Entrevista realizada en el marco de la celebración de su aniversario

Agosto 2016

Francesco Santoro: Es siempre difícil hablar de sí mismo, pero en este caso la pregunta se hace necesaria para el lector: ¿Quién es Padre Lorenzo?

  1. Lorenzo Rizzolo: Es un sacerdote nacido de una familia campesina, formado desde los primeros años de infancia en Seminario.

F.S.: ¿Qué edad tenía cuando entró en el seminario?

P.L.: Once años.

F.S.: ¿Cuánto ha influido en la elección de entrar en el seminario la educación de la familia?

La educación de la familia era Cristiana a todo dar, tanto así que en la mañana, cuando me levantaba, mientras que mi madre hacía los oficios de la casa, me hacía repetir las oraciones y el catecismo. La decisión de entrar en el seminario surge después de un encuentro con el Padre Italo Scola, quien era el Rector del Seminario de Bassano. Estaba de vacaciones y era de mi pueblo, entonces un domingo aprovechó a hacer la invitación al grupo de monaguillos que estábamos en la Iglesia, y nos preguntó quién quería entrar en seminario. Yo en el momento no le hice caso, pero durante la semana me entró la idea y dije a mi familia que yo quería entrar en seminario, sin conocer ni saber bien de qué se trataba, sentí un llamado así espontáneo que se fue profundizando en el tiempo.

No fue sino el día de mi ordenación sacerdotal que mi madre me confesó que un día, cuando estaba embarazada de mí, mientras lavaba la ropa en el riachuelo, escuchó a un seminarista, que estaba detrás de unos arbustos en la otra orilla (quien era casualmente Scalabriniano), que estaba haciendo pruebas de predicación, eran vecinos del mismo pueblo, pero ella no lo veía sino que solo lo sentía predicar y entonces pidió el deseo al Señor de que si la criatura que llevaba en su vientre era un varón, fuera un sacerdote.

F.S.: Cincuenta años de sacerdotes no es algo fácil de alcanzar. ¿Qué piensa Ud. que sean los motivos que le han ayudado a alcanzarlo? Además de las razones biológicas que puedan permitir una larga vida, muchos sacerdotes interrumpen su camino antes.

P.L.: Bueno, eso por mi parte es una cosa mínima e insignificante, de hecho nunca me he presentado el problema. Yo tengo solo un don de salud, primero que todo fisiológica de tradición familiar: mis abuelos paternos murieron con más de noventa años. Mi padre murió a los 93, mi madre a los 94.

F.S.: Tenemos que hablar de 50 años de sacerdocio y misión scalabriniana.

P.L.: Misionero y religioso completamente separado de todo aquello que podrían ser intereses terrenales. Ser misionero únicamente por amor a Dios y al prójimo, eso estuvo siempre claro desde el principio, era así como nos educaban en el Seminario y en ese sentido no se creó en mí nunca la duda o alguna dificultad. Cada día uno iba viviendo las situaciones de acuerdo a lo que venía sugerido por nuestros orientadores, sin dificultad y sin reacciones, yo las encontré siempre como una cosa espontánea. Siempre uno puede cuestionar o quizás en ocasiones criticar algún aspecto de esa formación, pero siempre manteniendo en común el mismo horizonte. Cuando se presentaban dificultades, eran para mí como chispas que reforzaban mi voluntad para continuar mi camino.

F.S.: Según su opinión, ¿hay diferencias en la formación que venía aplicada en el pasado a los seminaristas en relación al sistema de formación aplicado a los seminaristas hoy?
P.L.: Yo, como lo he dicho antes, doy la explicación a todo gracias al apoyo encontrado dentro de la comunidad, la vida familiar entre nosotros estudiantes seminaristas y el entusiasmo religioso misionero que nos transmitían nuestros formadores. Ellos vivían, casi llegando al fanatismo, este espíritu religioso Scalabriniano que nos contagiaban a nosotros. Era su interés hacernos conocer todas las misiones, y justo después de la guerra, que los misioneros regresaban a visitar a sus familias, nos los presentaban uno por uno cuando venían de visita al colegio, nos hacían contar donde trabajaban. Después creciendo, naturalmente, las dificultades vienes mayores, porque uno comienza a razonar y cuestionarse más. Pero la fuerza la he encontrado siempre en la unión con mis compañeros, y ha sido eso lo que me ha ayudado durante toda la vida sacerdotal. Tanto el aspecto de vida religiosa como el aspecto de vida de familia, yo lo noto un poco deficiente en los misioneros que han salido veinte años después de mí.

F.S.: Entonces Ud. considera que en cierta forma sí ha cambiado.

P.L.: Considero que quizás se insiste menos en el espíritu de familia. Quizás, según el diseño de la Congregación, que no lo cuestiono, aunque a veces no lo comparto, el individuo actualmente sale más preparado individualmente, con más espíritu de autonomía e independencia, lo cual con el tiempo en su desarrollo de la vida sacerdotal se le puede convertir en una debilidad.

F.S.: Un consejo que le quiera transmitir a los jóvenes que están tomando sus votos.

P.L.: Un consejo que siempre transmito es el mismo: Vida en común. Algo que siempre he cuestionado es esta multiplicación de seminarios en el último nivel de la formación que es la teología. Si los misioneros no se conocen entre ellos, no se practican antes de ser sacerdotes, una vez que cada quién va a su campo de misión, no conoce al otro y cuando no se conoce no se ama.

F.S.: He sentido en la gente que vino de Barquisimeto para la celebración de su 50mo aniversario, un sentimiento fuerte hacia Ud.

P.L.: Esta exigencia que he sentido siempre de hacer familia con mis compañeros misioneros, la he siempre nutrido también en el campo del apostolado, quienes trabajan conmigo deber ser también parte de mi vida, de mis intereses, de mis horizontes, por lo que he siempre buscado hacer familia donde he estado, sobre todo en Barquisimeto, donde estuve 36 años.

F.S.: 36 en Barquisimeto, 6 en Valencia, 1 en Puerto Cabello, 1 en Cúcuta y 4 en Caracas.

P.L.: Por lo que en tantos años, este espíritu de familia dentro de la comunidad ha crecido. Mi consuelo cuando me propusieron dejar Barquisimeto y venir aquí a Valencia, aparte de aquello que pueda ser el sentimiento humano de nostalgia, me sentí muy tranquilo porque sabía que estaba dejando personas que habían trabajado conmigo por años y que habían asumido realmente el empeño y lo sabrían llevar adelante. La prueba está que el Colegio ahora funciona igual o mejor que antes bajo la dirección de estas personas que, trabajando en unión, crecimos y nos formamos juntos. Por lo que ellos hoy, antes de tomar alguna decisión la consultan conmigo para saber mi parecer.

F.S.: ¿Cuáles son, según Ud., los desafíos que el mundo de la migración, hoy como ayer o quizás hoy más que ayer, pone a la Congregación Scalabriniana?

P.L.: La pregunta es muy amplia, se necesita ver si el interés de la Congregación es servir a la Iglesia en el problema migratorio a nivel mundial o en zonas determinadas. A nivel mundial yo digo que somos muy pocos, somos un grano ínfimo, por lo que a veces se arriesga también la dispersión, y creo que sea también debido a esto la orientación de los superiores mayores, quienes no teniendo personal para atender personalmente determinadas zonas de manera profunda y global, formar en lo posible elementos preparados a nivel científico, sociológico, que puedan orientar la autoridad de distintas zonas, autoridades locales y religiosas, sobre el problema de la migración. Me parece que es esta la orientación que la Congregación está tomando hoy en día.

F.S.: Y si lo reducimos a Latinoamérica, en particular a Venezuela, ¿cómo podemos mejorar nuestras funciones en mérito a la migración? No a las personas que llegan, sino a todas las que se van.

P.L.: Aquí en Venezuela la Congregación se ha permanecido bloqueada debido a la falta de fuerzas nuevas en el apostolado, por lo que somos ahora 4 religiosos sobre los 70 años. ¿Qué perspectivas a nivel nacional puedes exigir? No es que no hay esperanzas, es solamente que tenemos que tomar el empeño de que viendo la necesidad, las distintas comunidades, debemos esforzarnos en renovar nuestras fuerzas y valorarlas, poner lo mejor de nosotros en la promoción y formación vocacional.

Los superiores también deben tener siempre presente que si una determinada zona amerita todavía de la atención por ser rica en movimientos inmigratorios o emigratorios y necesita de fuerzas nuevas, quizás renunciando a nuevas posiciones.

F.S.: ¿Podríamos considerarnos nosotros como una fuente de nuevas fuerzas para el trabajo de la Congregación, Padre?

P.L.: Claro, lo hemos leído en el evangelio en estos días, no eran solo los apóstoles, sino que entre los fieles venían escogidos aquellos que por sus dotes, capacidades espirituales y su influencia sobre la comunidad, venían a ser no solamente refuerzos, sino también multiplicadores del trabajo apostólico, por lo que también los laicos, viendo la extrema necesidad a la cual no puede llegar el sacerdote ministerial, debe hacer su trabajo de cristiano, sintiéndose sacerdote de la comunidad.

No podemos hablar de exhaustividad o decline en mérito a las vocaciones, porque en toda la historia se han visto años de abundancia y años de sequía, por lo que dentro de la misma Congregación se pueden observar determinadas áreas que son abundantes en el florecimiento de nuevas vocaciones que son también generosos en su entrega.

F.S.: Padre, ¡entonces próximamente estaremos celebrando los 60!

P.L..: ¡No le demos límites a la Providencia, aceptemos lo que nos da!

F.S.: Conociéndolo, viéndolo trabajar de cerca, pienso que así como trabaja, piensa y actúa, y esta es una opinión personal que me permito darle: Habrán muy pocos, hablando de su modo de aplicación mental porque es muy metódica y lineal y muy ligada a los principios que la Iglesia y que el carisma Scalabriniano dicta en su existencia de ser. Estamos seguros de poder compartir todavía mucho camino con Ud. Gracias, Padre.

Mons. Reinaldo del Prette, P. Lorenzo Rizzolo y P. Miguel Pan durante la celebración en Valencia – Venezuela

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El pan de San Antonioi

«El pan de San Antonio es sinónimo de caridad. El nacimiento de esta tradición se remonta a uno de los milagros del santo que tuvo como protagonista a Tomasito, un niño de 20 meses que se ahogó en un pozo de agua”.
“la madre desesperada invocó la ayuda del santo e hizo una promesa: si obtenía la gracia iba a darle a los pobres el mismo peso en pan que el peso del niño. Y el pequeño milagrosamente volvió a la vida”. 

El comportamiento en la Iglesia

La función del acolchado es darnos comodidad al arrodillarnos .Evitemos también que los niños caminen sobre ellos.

Virgen María

La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia especial de Dios, ella fue preservada de todo pecado desde su concepción.
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